El evento perfecto necesita Música Real

La música real no sale de un botón.
Sale de manos que mezclan, de oídos que leen la pista y de alguien que entiende cuándo subir el groove y cuándo dejar respirar al público.

No improviso con playlists.
Diseño cada sesión para que cada evento tenga su sonido sin clichés, sin cortes y sin postureo.

Si eres de los que se emociona con un buen cambio de beat, si sabes reconocer un scratch con intención o valoras el sonido limpio de un vinilo… nos vamos a llevar bien.

Dónde Trabajo

La música de tu boda no puede ser una lista cualquiera. Haré que cada momento suene como siempre lo imaginaste: elegante, emocionante y con toda la energía para que nadie quiera dejar la pista.

Clubs

No vengo a poner música, vengo a encender la noche. Con una selección afilada y mezclas que fluyen, mantengo la pista viva, conectando con el público desde el primer beat hasta el último subidón.

Eventos especiales

Cada evento tiene su propio ritmo, y yo me encargo de encontrarlo. Me adapto al espacio, al público y a la energía que quieres transmitir, para que la música no solo acompañe… sino eleve la experiencia.

Lo peor que puedes tener en tu boda o evento no es el silencio, es un DJ que no sabe leer la pista.

Que ponga temazos fuera de contexto, que hable por micro más de la cuenta, o que crea que una playlist de Spotify puede sustituir la mezcla real.

Si eso te suena a pesadilla, estás en el lugar correcto.

He pinchado en clubs, festivales y bodas por toda Andalucía desde 2004.

En 2009 el Diario de Sevilla escribió sobre mí:

“Una sesión impecable, técnica de vinilo y selección con criterio. Zas demuestra que el hip-hop puede sonar elegante.”

Desde entonces, sigo con la misma filosofía:

«Mezclar con cabeza, con oído y con respeto.»

TRANSCRIPCIÓN DE LA NOTICIA

Espíritu de fiesta
Incluso por encima del aliciente de De La Soul, la tercera y última noche de Territorios Sevilla, el pasado sábado en el Monasterio de la Cartuja -aún nos queda Territorios Digitales a partir del próximo jueves-, parecía a priori dominada por la significativa presencia de los protagonistas de Sevilla All Stars, el espectáculo coordinado por SFDK que reunía a algunos de los más destacados representantes de la escena de rap local. Sin embargo, mientras que ellos y su público se lo pasaban pipa en el escenario principal, otras propuestas en los más pequeños escenarios satélites marcaban un tono de diversión distinto y, mire usted por dónde, quizás hasta más cercano al original espíritu de baile y fiesta que a finales de los 70 sirvió como caldo de cultivo para la eclosión del hip hop.
Puede que sin proponérselo, el sevillano DJ Zas se muestra empapado de ese espíritu. Hijo de un músico con solera, Rama, hace años batería de Caledonia Blues Band y hoy enrolado en los nuevos Mercenarios de Dogo, Alejandro no revela ningún exceso de virtuosismo frente a los platos -de momento-, aunque para montar su desprejuiciada fiesta le basta y sobra una espléndida selección de cortes sin complejos de casta -hip hop, claro, pero también drum'n'bass, rock y casi, casi breakbeat- ante la que resulta difícil, e inútil, resistirse. Apoyado por cuatro bailarines, tres chicas entregadas y un acrobático varón, y un MC de los de antes -ya saben, de cuando el rey era el DJ-, comenzó su set en el escenario CAAC ante no más de una docena de espectadores y para cuando el reloj imponía el traslado al Cruzcampo ya había conseguido congregar a una sorprendida y gozosa parroquia. A este tipo hay que seguirle la pista.
El reloj marcaba las once y media, la hora señalada para comprobar si la de The Go! Team era una apuesta acertada en una noche dominada por el rap y el turntablism -les digo ya que, muy a mi pesar, me perdí a Goldfinger Crew y Scratch Perverts-. La situación, salvando las distancias, era similar a la que se encontró DJ Zas: pocos espectadores al comienzo y muchos al final. ¿Por qué? La gran mayoría de quienes pasaron por allí se quedaron. No era cuestión de perderse semejante fiestón.
Los de Brighton son una suerte de batidora estilística en la que zumban estilos en principio tan dispares como el rap, el indie-pop, el europop y el techno primitivo. La buena nueva es que, en vivo todavía más que en disco, de tan extraña alquimia se destila un zumo energético arrollador. Pese a las condiciones -una sonorización que más que tal parecía un boicoteo-, la suya queda como una de las actuaciones más señaladas en esta duodécima edición del festival, un entrañable e hipervitaminado guateque que subía de temperatura cada vez que la menuda Ninja -dios, qué mujer- se hacía con el micro y ponía a botar al respetable. Momentos de apogeo: Bottle Rocket, Grip Like a Vice, The Wrath of Marcie, Doing It Right y Titanic Vandalism -"Are you ready for more", interpelaba Ninja; por nosotros, listos para toda la noche-. Fan-tás-ti-co.
De vuelta en el principal, Tote, flanqueado por su hermano Shotta y DJ Randy, comenzó a la vieja escuela, y, por si hiciera falta echar más leña al fuego, encandiló a la muy numerosa audiencia al hacerse respaldar por su estupenda banda de acompañamiento -entre otros, el maestro Jordi Gil a la batería, Javi Vega al bajo y, sorpresa, otro Maga: Miguel Rivera a los teclados-. Cómo gana.
También con banda, los imponentes Rhythm Roots All Stars, una leyenda del rap, De La Soul, hizo añicos la esperanza de una interpretación íntegra y ordenada de su celebrado debut, hace ahora veinte años, 3 Feet High Rising, el disco que abrió la ventana que aireó el género. Pese a lo prometido, no fue tal, aunque resultara igualmente disfrutable y vigente en su ironía -Me, Myself and I como antítesis del yo!, yo!, yo!-.

TESTIMONIOS