Selección
Un mapa de vuestra boda que empieza por vuestra lista de Spotify: lo que os define, lo que bailan vuestros amigos y lo que levanta a vuestros padres.
Mezclado a los platos, del cóctel a la última canción. Una o dos bodas al mes, con antelación, para preparar la vuestra como si fuera la única.
Así suena
Antes de leer nada más, escucha cómo suena una boda conmigo.
Los once primeros temas sonaron de verdad en una de mis bodas, en el orden en que fueron cayendo, y la noche entera está en vídeo. El resto son los que más ganas tengo de pinchar en la vuestra.
Nadie recuerda el menú.
Todo el mundo recuerda si bailó.
La música es lo único de la boda que vuestros invitados se llevan puesto a casa. Por eso no la dejo a una lista de las 300 de siempre.
«A este tipo hay que seguirle la pista.»
Un mapa de vuestra boda que empieza por vuestra lista de Spotify: lo que os define, lo que bailan vuestros amigos y lo que levanta a vuestros padres.
El plan es la base; la noche se decide en directo. Quién baila, quién se va a la barra, cuándo subir y cuándo dar un respiro. Eso no lo hace una playlist.
Veinte años mezclando a los platos se notan en las transiciones: en ritmo, en tono y sin un segundo de silencio. El scratch va dentro, como detalle, no como número.
Lo primero que os pido no es la fecha ni el presupuesto. Es una lista de Spotify vuestra. De los dos.
Casi todas las parejas la tienen hecha sin saberlo: lo que ponéis en casa, en el coche, la que os hicisteis cuando empezasteis. Es la única manera honesta de saber quiénes sois musicalmente antes de ponerme delante de vuestra gente.
Muchos temas, sin pensar en la boda. Cuantos más, mejor leo.
En varias charlas filtro con vosotros: cuáles os encantan, cuáles son imprescindibles y cuáles significan algo.
Qué le gusta a cada familia, quién tiene gustos especiales y qué peticiones hay que respetar: el primo rapero, la abuela y sus sevillanas.
Preparada para vuestra boda, no una igual para todas. Por bloques, con ventanas para las peticiones del día y sitio para la sorpresa.
Y si vuestra respuesta es «tú pon lo que quieras, musiquita y ya», os lo digo con cariño: probablemente no soy vuestro DJ. Pincho porque es lo que más me gusta hacer, y por eso elijo las bodas que voy a disfrutar tanto como vosotros.
Lo último es una sorpresa para muchos: Martin Garrix, Steve Aoki, ese espíritu Tomorrowland que casi nadie se atreve a meter en una boda. Si es lo vuestro, la liamos.
No los escucho a diario y no sabría leer esa pista como se merece. Si vuestra boda va por ahí, hay DJ que lo hacen mucho mejor que yo, y os lo diré.
Subcampeón del DMC de Andalucía y veinte años de scratch. Y en vuestra boda no vais a ver un espectáculo de scratch.
Lo que vais a notar son detalles: un corte en la transición, una frase repetida justo antes del estribillo, una mezcla que entra donde nadie la esperaba. Es mi forma de pinchar, no un número aparte. El foco no está en la cabina: está en la pista, en vosotros y en vuestra gente.
Lo que suelo cubrir y cómo encaja cada momento. Lo cerramos juntos en el planificador musical y lo coordino con el catering o la wedding planner para que nadie tenga que pensar en la música ese día.
Sonido discreto y micro inalámbrico para lecturas y votos. Entrada, firma y salida con las canciones que elijáis.
Soul, jazz, bossa y funk suave para que se pueda hablar. En vinilo si el espacio lo permite.
Cronometrada con el catering, con un tema que os represente. Ideas.
Edito la canción a la duración que queráis y la enlazo con la fiesta sin un segundo de silencio.
Por bloques de energía: funk y disco para abrir, R&B y hip hop clásico, lo de todos, y los himnos del cierre. Más.
Pactada con vosotros. La que suena cuando se encienden las luces.
Contratáis al artista: la preparación, la sesión y mi cabina. Lo que cambia de un presupuesto a otro es el equipo que habrá en vuestra boda.
Yo y mis platos: dos Rane Twelve y el mezclador Rane Seventy-Two. El sonido y las luces los pone el espacio o la empresa que elijáis. Lo habitual en haciendas con equipo propio.
Añado equipo de sonido para la pista y micrófono inalámbrico para los discursos, de colaboradores de confianza. Para espacios sin equipo o con uno que no da la talla.
Lo anterior más iluminación de pista y ambiental. Para quien quiere que todo lo de la música llegue por la misma mano.
Trabajo desde 150 € + IVA la hora (181,50 € con IVA), con un mínimo de 4 horas, y el presupuesto os llega cerrado y por escrito en 48 horas laborables. Extras que puedo coordinar: sonido de ceremonia, iluminación ambiental, humo bajo para el baile, chispas frías, confeti, proyector y pantalla, y horas extra (150 € + IVA cada una). Más detalle en cuánto cuesta DJ Zas.
No es mi estilo ni mi zona de confort. Si queréis a alguien que lleve la fiesta micro en mano, buscad a alguien de vuestra gente con gracia o a un animador: es otro oficio, y yo encantado de ponerle la música.
Mi base está en Sevilla y la mayoría de mis bodas son en Andalucía occidental, pero viajo a cualquier punto de España y del extranjero.
Dentro de la provincia de Sevilla, el desplazamiento depende de la distancia y va desglosado. Fuera de ella, corre a cargo de los novios, y el alojamiento cuando hace falta. También bodas de destino en Portugal y el resto de Europa.
Mi público favorito
Con ellas me pasa algo: lo que más me gusta pinchar es justo lo que más les gusta bailar. Hip hop, soul, funk y R&B sin traducción. Trabajamos por videollamada, en inglés, y el día de la boda la música hace de idioma común.
The DJ you'd fly in from home is already in Seville.
…al menos que sepáis en qué fijaros. La música de la boda momento a momento, plantillas para rellenar y las 10 preguntas que hay que hacerle a cualquier DJ antes de firmar. Gratis.
No por defecto, y es lo primero que conviene aclarar. Un error muy común es pensar que el DJ monta el sonido, las luces, el escenario, el humo y los micros. Contratáis al DJ: yo me encargo de que vuestra boda suene a lo que os gusta, y eso ya es un trabajo entero. El sonido lo suele tener el espacio o lo pone una empresa; si queréis, os lo presupuesto yo con colaboradores de confianza, aparte y desglosado. Mi cabina siempre viene conmigo: dos Rane Twelve y el mezclador Rane Seventy-Two.
Una lista de Spotify vuestra, de los dos, hecha sin pensar en la boda: lo que ponéis en casa y en el coche. Es la columna vertebral de mi sesión y la forma de saber quiénes sois musicalmente antes de ponerme delante de vuestra gente. Si no la tenéis, con tres canciones de cada uno y una que odiéis arranco, y la completamos juntos.
No. La lista es la base para entender vuestro estilo, no el guion. Lo que me digáis que tiene que sonar sí o sí, suena. El resto lo elijo yo para que la noche fluya, y dejo sitio para la sorpresa: temas que no esperáis y que encajan con lo que me habéis pasado. Si os sabéis la lista de memoria y solo suena eso, os aburrís vosotros también.
Sí, y las pongo cuando encajan. Pincho por bloques y dejo ventanas abiertas para meter peticiones sin romper la noche; no improviso de principio a fin porque se nota y sale peor. Lo que no voy a hacer es cargarme la pista por el primo que pide breakbeat con cuatro copas: si no me habéis dicho que os gusta, no entra. Y lo que vosotros habéis vetado no suena aunque lo pida media pista.
Lo cojo para dar una indicación: «venga, una sevillana, todo el mundo al centro». Lo que no vais a oír es «buenas noches, aquí DJ Zas, hoy es la mejor noche de vuestra vida». No es mi estilo: no saco a bailar a la abuela, no monto la conga y no grito Paquito el Chocolatero. El micro inalámbrico va en el equipo para vuestros discursos y lecturas. Si queréis a alguien que lleve la fiesta micro en mano, buscad a alguien de vuestra gente con gracia o a un animador: es otro oficio, y yo encantado de ponerle la música.
Todos tienen su hueco. La sesión va por bloques y cada bloque tiene su gente; una rumba puede llevar a un clásico de soul sin que nadie se baje de la pista. La parte troncal de la noche va con lo que os gusta a vosotros dos. Si lo vuestro también es la rumba y el pop español, lo hablamos: puedo ponerlo, pero ya nos alejamos del estilo que yo marco, y para que la sesión fluya los temas tienen que calzar entre sí.
Hago una o dos bodas al mes y las preparo con tiempo, así que los sábados de primavera, verano y otoño vuelan. Consultad la fecha en cuanto tengáis el sitio.
Propuesta cerrada por escrito, contrato y la mitad del importe para bloquear la fecha. La otra mitad, antes de empezar: el día de la boda o el anterior.
Con muchas ganas. Si lo vuestro es Tomorrowland, Martin Garrix o Steve Aoki, la liamos: es muy raro verlo en una boda y a mí me encanta. Lo que no voy a fingir es el pop de radiofórmula de este año o el reguetón de club de la semana pasada: no los escucho a diario y hay DJ que lo hacen mejor que yo.
Una toma de corriente cercana, un espacio de unos 2 x 1 metros para la cabina y, en exteriores, una cubierta por si llueve o hay rocío. Me adapto a las limitaciones de sonido y horario de cada finca: lo revisamos antes con el espacio.
No. La música negra es mi especialidad y mi sello, pero trabajo en open format. En una boda española suena de todo: funk y disco para que bailen los padres, R&B y hip hop clásico para vuestros amigos, pop, rumba y reguetón cuando toca. Lo que no suena son las canciones que vosotros vetéis.
Mejor que lo sepamos antes. Si me decís «tú pon lo que quieras», probablemente no soy vuestro DJ: preparo cada boda a partir de lo que os gusta, y sin eso voy a ciegas. Si lo que os pasa es que no habéis empezado, eso tiene arreglo: os ayudo.
Hago una o dos bodas al mes, para preparar cada una a medida y con antelación. Decidme cuándo y dónde, y os contesto yo, personalmente, con disponibilidad.
¿Preferís email? contacto@djzas.com · Instagram @djzas
En 48 horas laborables os escribo con la disponibilidad y, si encaja, para hablar de vuestra música.
Así suena una fiesta conmigo
Un temazo vale más que mil palabras
Los once primeros sonaron de verdad en una de mis bodas, en el orden en que cayeron. Dale al play e imagina tu fiesta.
Ver la lista entera y de dónde sale El reproductor es de Spotify y se carga al abrirlo.